UNA SITUACIÓN POLÍTICA NUEVA

UNA SITUACIÓN POLÍTICA NUEVA

Aunque el recorrido de la democracia española es relativamente joven en comparación con el resto de grandes países del mundo occidental podemos decir, sin temor a equivocarnos, que con las experiencias vividas en estos casi 40 años no tenemos nada que envidiar a nuestros vecinos. Tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo se han enfrentado a serias amenazas –golpe de Estado, cesión de soberanía a favor de la Unión Europea, continuos ataques a la unidad del país desde dentro mismo del país, terrorismo internacional, corrupción- que nos han hecho madurar, probablemente, demasiado rápido para lo que hubiera sido deseable.

Hemos levantado nuestra democracia piso a piso sin dejar apenas secar los cimientos y eso se está dejando notar ahora, justo cuando deberíamos estar colocando los tejados de nuestra gran vivienda común. Casi cuarenta años de democracia son muchos años en términos de una vida humana pero no lo son, visto lo visto, para obviar los fantasmas del pasado.

Y lo estamos demostrando, tristemente, ante la mayor crisis política que vivimos los españoles, provocada tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015. Una situación derivada de la terrible crisis mundial vivida –y solucionada en otros países con la unidad de las diferentes fuerzas políticas- y que aquí, cuanto más se ha necesitado de la IMG_0086responsabilidad de todos los Partidos, más ocurre todo lo contrario, quiero decir, más se abre la brecha derecha/izquierda. Jamás, en ningún momento de la presente democracia el distanciamiento entre Partidos ha estado tan marcado. La rivalidad, el ensañamiento y la guerra dialéctica están separando cada vez más las orillas dejando patente que en España somos expertos en agrandar lo que nos separa, y en esconder lo que nos une.

Tras la Legislatura Constituyente de 1977 en España hemos votado en once ocasiones y, en las diez anteriores, bien que mal, la solución quedaba prácticamente definida sin necesidad de llegar a ecuaciones demasiado complicadas. ¿Por qué, en ésta última ocasión, el resultado ha sido tan endiabladamente diferente? ¿Qué ha provocado esa atomización del voto y cuál es el mensaje que el ciudadano, el votante, ha querido transmitir en estas elecciones? Sin duda, la gestión de la crisis y la explosión de la corrupción a todos los niveles de la Administración han sido factores definitivos que han provocado una respuesta airada en los ciudadanos. En ésta ocasión, se ha votado más jugando con el castigo que con el bolsillo o con la fidelización a una marca política determinada.

El problema, ahora, es convertir el mensaje del pueblo en un mosaico de colores políticos capaz de poner la maquinaria institucional en marcha, capaz de encajar nuestro achacado entramado económico en un engranaje superior -en la Unión Europea- que sigue marcando sus pautas y que sigue pidiendo responsabilidades ajena a la situación personal de cada uno de sus miembros.

A día de hoy, nada parece indicar que habrá un acuerdo capaz de desbloquear la situación. Sólo un ataque de cordura generalizada podría llevarnos a un acuerdo capaz de ofrecer las garantías que la globalización nos exige. Aquí, los Partidos con un pasado efectivo de gestión son los mejor posicionados para hacer de la necesidad una realidad. Ya se llevó a cabo en otras ocasiones –a otro nivel ciertamente- pero la experiencia nos dice que es posible un acuerdo que dé estabilidad y que siembre de certidumbre los estamentos políticos y económicos de nuestro país.

El siguiente paso para que esto se lleve a cabo está en el tejado de Mariano Rajoy quien, sin duda alguna, lo dará cuando las circunstancias así lo demanden. Sólo la estrategia política retrasa una decisión que el Presidente en funciones debe tener más que cerrada.

Igual que ocurrió en Cataluña la sangre tampoco, en España, llegará al río. Rajoy tiene un “as” en la manga que el Partido Socialista no podrá rechazar –y si lo hace no podrá explicarlo-. En el camino, la solución exige dos cadáveres políticos, pero el bien común está por encima de las sensaciones personales.

Estamos escribiendo, en estos momentos, unas páginas que la historia enmarcará sin duda alguna, con letras de oro.

UNA SITUACIÓN POLÍTICA NUEVA
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